martes, 30 de mayo de 2017

LA HERIDA...


Mi mochila arrastrándose por donde quiera que fuese guardaba un peligroso mecanismo de defensa, pensé que como tantas y tantas veces, ella también me abriría una herida más temprano que tarde. No sabía ni de qué modo ni de qué manera pero mi mente no podía dejar de estar alerta.

Aunque nunca lo hizo, mi escudo quedó intacto. Es más, me indicó un país, me inventó un mirador y en él, cogida invisiblemente a su mano me envolvió la inspiración frente al AtlÀntico.

Fue de las pocas personas que me hicieron reír de verdad, desde donde está nuestro otro corazón, entre los pulmones y el esternón, desde donde nacen los suspiros, esos que siguen estando calientes aún con la fuerza de algún febrero. Y aunque algunos digan que van hacia ninguna parte, no estoy de acuerdo, todos los recoge el Universo para captar la vibración de esas emociones escondidas en el aire expulsado.

Me hizo viajar, escribir, me sentí un poco más útil dentro de mi inutilidad. Pero mis propios labios sin más, escupieron el veneno retenido en glándulas de pasado. 

Sin embargo, ni aún así me dañó, se despidió con un: "Tiras a dar y me diste, puedes estar tranquila, princesa"


Y fue ahí donde mi mundo se desmoronó, ella era distinta, y al final, por la aparición de mis fantasmas fui yo quien la hirió.

Si hubiese podido parar el tiempo, si hubiese podido retener las manecillas del reloj hubiera preferido mil y una veces haber vuelto a sangrar yo...