jueves, 18 de mayo de 2017

DETRÁS DE UNA GRAN MUJER HAY UN GRAN HOMBRE...



Decía Groucho Marx que detrás de un gran hombre hay una gran mujer pero con el paso del tiempo la frase quedó incompleta puesto que en realidad decía así: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer y detrás… está su esposa”

Dejando el humor de Marx de lado y analizando la frase por otros derroteros, no le falta razón y es que detrás de una gran mujer (amiga, amante, confidente, alma gemela, musa…) está la esposa que con dosis de amor, diálogo y comprensión llegan a ser lo mismo. Pero lo que poco escuchamos es la fase a la inversa y es que también hay grandes hombres detrás de grandes mujeres.

Como aquel que en algún momento quedó o prefirió quedarse en un segundo plano para dejarla brillar a ella y solo a ella, aquel que fue capaz de abandonar un trabajo que le apasionaba por estar al lado del amor de su vida cuando en algún momento anduvo ciega y perdida. A la que la vida le dio la posibilidad de pisar el cielo y lo pisó pero también le tocó sufrir algunas quemaduras en las llamas de algún que otro infierno. Él fue consciente de que se urdiría una frustración en ella con el paso del tiempo, causada por heridas con sabor a pasado en un futuro incierto. La paciencia, las palabras que sanan y proyectos de vida en común hicieron que de nuevo los grandes teatros se llenasen con su voz.

También hay que amar mucho para contener el ego que indiscutiblemente todos llevamos dentro y soportar las amargas iras, rabietas, insultos o críticas cargando a las espaldas la culpa de todo cuando algo no es del agrado de los que piden lo que ellos quieren, como ellos quieren y cuando ellos quieren, y en el momento que llega lo que esperan gracias a la misma persona que han lapidado, los aplausos se los lleva su compañera de viaje. Bien merecidos, pero él, con gran sentido de un humor más allá de lo inteligente, cierra bocas o lidia de forma irónica a la par que elegante a los que quieren cargarse al mensajero, a los aprovechados, a los insaciables, a los impacientes.

Y no, no es que la princesa haya tenido que ser rescatada por un príncipe azul cual película Disney ya que desde niña supo bien lo que era la autosuficiencia, la lucha, la disciplina y el esfuerzo. Pero también siempre suya, muy suya, tan suya que quizá nadie sería capaz de estar al lado de un genio con las alas cosidas, que de cuando en cuando hay que darles alguna puntada con hilos de caricias.

Muchos sabemos que nadie se cruza en la vida de otro alguien por casualidad, que todo aquel que se tropiece en nuestro camino tiene su misión. Ella volvió a reencontrase con sí misma, él quizá un poquito también, juntos pero sin dependencias, entendiendo el amor sin toxicidad, ella sigue siendo una pantera en libertad y él el león sin domar.

Al fin y al cabo aunque al principio se hicieran rogar, ella dejó de cantar “no digas para siempre” y él fue el “Dios que regresó en una Harley” para no marchare “Jamás”




Con todo mi respeto y cariño dedicado al incansable
Óscar Tarruella.