jueves, 26 de febrero de 2015

El directo de Judith Mateo... (crónica de su concierto en la ciudad de Cuenca)

Como todo buen concierto que se precie, el directo de Judith Mateo se hizo esperar mientras el público permanecía ansioso por ver bailar las cuerdas de su violín tras año y medio de ausencia por los escenarios de la ciudad. 

Entre los asistentes se encontraban rostros conocidos del Arte y la Cultura Conquense como el actor Germán Olivares o el periodista y escritor Javier Semprún

El aforo no se completó, como tampoco completaron los recintos artistas de la talla de Lenny Kravitz o Bob Dylan en su paso por la ciudad años atrás. Sin hacer comparaciones, es curioso contemplar como músicos que en otras ciudades u otros países cuelgan el cartel de “no hay entradas” allá por donde van como es el caso de los tres diferentes intérpretes ya nombrados y en cambio, nuestra querida Cuenca, en ocasiones parece estar un poco distraída. 

Llegó el momento de comenzar y en cuanto sus dedos se deslizaron para encender la mecha del violín y gracias a los sonidos Celtas logró trasportar a los espectadores a otros lugares y a otras culturas a través de su incansable instrumento de madera.


Al instante se creó un ambiente íntimo y familiar que pudo proporcionar una espontánea interactuación público-artista, no obstante, algunos asistentes no titubearon a la hora de acercarse al escenario para mostrar a Judith su admiración por ella, cosa que al resto nos proporcionó grandes momentos puesto que la protagonista no dejó de bromear junto a ellos acompañada de su innata y traviesa perspicacia y transparencia.


Haciendo un viaje por los grandes éxitos de su carrera nos acercó el folclore Irlandés entre saltos y una contagiosa energía que se fusionaban al compás de las sonoras palmadas que a modo de acompañamiento regalaba un público cada vez más implicado y entregado.




Un momento cumbre de la noche fue cuando se subió al escenario el vocalista del grupo Atlant, Chuse Joven para deleitarnos ambos con una peculiar y acertadísima versión del conocido tema DUST IN THE WIND del anterior disco de Judith titulado ASHES.

Con una notoria complicidad consiguieron transmitir la pasión por la música a los concentrados  receptores que con satisfacción descifrábamos ese idioma universal que solo el talento y el Arte de algunos nos pueden aportar.




Judith es de las pocas artistas inquietas que no se queda anclada en un solo estilo y a lo largo de su trayectoria se ha decantado por fusiones aparentemente dispares pero que representadas por ella cobran sentido y riqueza.

Clásico, Celta, folk, rock… y ahora dejando más patente su vena metalera con su último disco CELEBRATION DAYS.



No sólo nos seducía con su música ya que no faltaron las risas cuando micrófono en mano nos sorprendió con sus verdades al más puro estilo “el club de la comedia”.



Si algo le caracteriza es una arrolladora personalidad y sin pelos en la lengua dejó clara su postura y protesta ante los que hoy por hoy nos gobiernan. Porque es de ese tipo de artistas comprometidas que no se pone una venda ante los atropellos que nos acontecen y aprovecha su escaparate para remover conciencias. 

Se reflejaba en su rostro cómo con cada pieza las notas producidas por sus propias manos la llevaban a la catarsis. En una entrevista concedida en la tarde lo dejó claro con una simple palabra: felicidad es lo que siente cuando se sube al escenario.

Es esa misma adrenalina e ilusión las que hicieron que Chuse nos concediera varios “headbanging” que en la jerga metalera son aquellos intensos movimientos de melena. Judith y el resto de la banda no se quedaron atrás y ella no dudó en serpentear de rodillas varias veces sobre el suelo con la mirada perdida alzando triunfante su arco mientras guitarra, batería y teclado se dejaban el alma y la piel con cada tema.





Complacieron a los nostálgicos con míticas canciones como SWEET CHILD O' MINE de los famosos GUNS N´ ROSES.

Cuando llegó el momento de la despedida a la sala “el círculo” de Cuenca le supo a poco y no tardó en corear al unísono que los virtuosos maestros volvieran a escena con clamorosa insistencia. Y así lo hicieron con esa brutal autopista que “nos llevó al infierno” cuando nos invitaron a cantar con ellos tan conocido estribillo: HIGHWAY TO HELL de ACDC hasta dejarnos la voz en el intento.

Después de tan agudo y emocionante espectáculo solo me queda animar a los amantes de la buena música a que no dejen escapar la oportunidad de saborear a Judith y su banda en concierto ya que por mucho que leáis, por mucho que escuchéis en sus discos, nada es comparable como vivirlo, gozarlo y sentirlo en riguroso directo porque como ya dejó plasmado un desaparecido poeta: 

“…son compases estridentes
del clásico mundo celta
que Judith, bella y esbelta
transforma y son diferentes.

Al violín hace gritar
y arranca de sus entrañas
notas alegres y extrañas 
con su estilo peculiar 

violín mágico y experto 
en ritmos que al baile incitan
sus cuerdas gritan y gritan
con armónico concierto…”


     (concierto sala Galileo Galilei, tema x-sto de su álbum mientras el cielo no caiga)

Página web Judith Mateohttp://www.judithmateo.com/